
Por Jack Schnabel, catedrático en finanzas internacionales de la Universidad Wilfrid Laurier, Canadá, docente en activos derivados de tiempo parcial en la Facultad de Administración de la Universidad de Santiago de Chile, y actualmente profesor visitante en la Escuela Whittemore de Negocios de la Universidad de New Hampshire, EE.UU. Es graduado del Ateneo de Manila en donde fue amigo del asesinado líder estudiantil, Edgar Jopson.
En el idioma tagalo la frase ningas cogon significa literalmente un tipo de hierba que prolifera en abundancia a lo largo del país asiático durante la estación lluviosa. Empero, durante episodios de sequía, la hierba es tan inflamable que se quema de manera rápida y súbita, como si fuera un combustible.
Psicólogos y sociólogos filipinos se han apropiado de la frase para designar en forma pintoresca y peyorativa de un fenómeno sociológico, la escasez de la virtud de perseverancia como una idiosincracia nacional filipina. En términos más básicos, una persona muestra el síndrome ningas cogon en su comportamiento cuando no persiste en una lucha, dándose por vencido al experimentar dificultades. Tanto los académicos aludidos como comentaristas de diversos medios de comunicación han escrito casi centenares de ponencias, abarcando con desprecio el tema del carácter ningas cogon en la constitución psicológica filipina.
Esta faceta negativa de la personalidad nacional se hizo nítidamente patente en la reacción taciturna y casi moribunda frente a dos recientes fallos de jueces pertenecientes a los rangos altísimos del sistema jurídico del país.
Me refiero en primer lugar a nada menos que la Corte Suprema filipina quien declaró, en su fallo del siete de Octubre del año actual, la absolución completa de la antigua primera dama Imelda Marcos de todos los cargos de corrupción. Previamente, la ex primera dama había sido tachada de desvío de fondos estatales y enriquecimiento ilícito en su calidad de alcaldesa de la metrópolis de Manila. Invocando meros tecnicismos judiciales casi risibles, la corte declaró por mayoría simple que su culpabilidad no había sido comprobada más allá de la duda razonable.
En segundo lugar me refiero al veredicto, del día veintiocho de Agosto del año actual, del Defensor del Pueblo, Aniano Desierto, en el que rotundamente rechazó todos los cargos de corrupción contra dos hermanos de la mismísima ex primera dama. Los hermanos Romuáldez, Alfredo y Armando, habían sido acusados de haber recibido préstamos ilegales otorgados de manera forzosa por tres instituciones financieras estatales. Este tipo de préstamos, etiquetados por la prensa fililipina como "behest loans", fue una manera muy eficaz para galardonar sutilmente a los compinches marcosistas. Tal fue el uso hiperagresivo del apalancamiento financiero por parte de los dos susodichos cuñados del ex dictador Marcos, que la deuda, iniciada con una "mera" suma de cien millones de pesos, se aumentó vertiginosamente, superando más de quinientos millones de pesos en menos de ocho años.
El silencio casi absoluto del país frente a estos dos actos jurídicos, irónicamente vandálicos para la justicia filipina, me decepciona profundamente. Es ignominioso presenciar esta reacción lacónica y tímida que otorga el implícito beneplácito de la población. A mi juicio, el pueblo padece de una amnesia colectiva, acatando fielmente el peyorativo aspecto ningas cogon del carácter filipino.
Me pregunto insistentemente ¿Qué ha pasado con la cólera de la población contra el régimen marcosista meridianamente mostrada durante la revuelta de 1986? ¿Qué ha pasado con la memoria del héroe Benigno "Ninoy" Aquino quien fue fulminado a balazos a quema ropa y a sangre fría en el aeropuerto de Manila en 1983?. Asimismo, ¿Dónde se encuentra el legado de mi ex condiscípulo en el Ateneo de Manila, Edgar "Edjop" Jopson, el destacado líder estudiantil a finales de la década de los sesenta quien, tras un repentino secuestro perpetuado por un clandestino contingente de tropas castrenses, fue brutalmente torturado y finalmente asesinado?
Albergo el gran temor de que los derramamientos de sangre de Ninoy, Edjop y los demás hayan sido totalmente en vano. Me atormenta muchísimo adivinar que todos ellos ya se hayan ahogado en el olvido colectivo, mejor dicho, en la laguna mental filipina.